viernes 20 - octubre, 2017
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La Casulla para el Papa Francisco

24 de julio, 2016

Por: Eventos Católicos

“Tuvimos que salvar nuestras vidas,  fue la única opción, en la medida en que el Daesh (Estado Islámico) ofrecía a los cristianos las siguientes tres opciones: negar nuestra fe y convertirnos al Islam, pagar el impuesto o morir”, afirman Farah, Maryam, Dalida y otras jóvenes que firmaron como “tus hijas” en la misiva enviada al Santo Padre.
Al llegar a Amán, la capital de Jordania, las jóvenes fueron acogidas por el padre Corniole y un grupo de monjas que las ayudaron a ganarse nuevamente el sustento. Fueron capacitadas en un taller de costura, debido a que Jordania no reconoce los diplomas expedidos en su país de origen.
Además, crearon una colección de ropa bajo el nombre de Made by Iraqi girls, que se promociona a través de las redes sociales y que ha logrado cierto éxito gracias a la combinación de elementos de la tradición oriental y occidental.
“Esperamos conocerte en Cracovia durante la JMJ para recibir tu bendición. Somos refugiadas en Jordania y si dejamos el país no vamos a tener una visa para volver. Usted es el único que nos puede ayudar”, fue la petición de las jóvenes refugiadas a Francisco.
Jordania es uno de los países con mayor número de refugiados que huyeron del conflicto en Medio Oriente, albergando unos 130.000 iraquíes, y 1,3 millones de sirios aproximadamente.
Aquí reproducimos la carta íntegra que las refugiadas mandaron al Papa Francisco:

Su Santidad, Papa Francisco, la Paz del Señor sea contigo,

Somos un grupo de jóvenes refugiadas iraquíes en Jordania. Nos obligaron a abandonar nuestro país, Irak, forzosamente, escapando del terrorismo, de las manos del Estado Islámico. Dejamos nuestro país sin saber qué nos esperaba en el futuro.
Los terroristas del ISIS  (Estado Islámico; Siglas en Inglés) nos dieron a elegir entre: Convertirnos al Islam y renegar de nuestra fe, pagar un impuesto o morir.

Encontramos innumerables dificultades en nuestra huida; tuvimos que dejarlo todo por poder conservar nuestra fe en Cristo.  Elegimos seguir a Cristo en quien creemos, Cristo, quien nunca nos ha abandonado y nos ha salvado dándonos la fuerza para aguantar las dificultades hasta que pudimos llegar a Jordania. La vida aquí es más segura, sin embargo, no tenemos derechos porque somos refugiados. Por ejemplo, no poseemos permisos de trabajo y no podemos continuar con nuestros estudios porque el Ministerio de Educación Jordano no reconoce el sistema universitario iraquí. La Misericordia del Señor se ha mostrado aún más grande que las dificultades porque tuvimos la oportunidad de trabajar en el proyecto RAFEDÌN que el P. Mario Corniole fundó en colaboración con la Nunciatura Apostólica en Jordania, la Iglesia Caldea Iraquí, el párroco Padre Zaid Habbabi, el Sr. Anton Nameer, las hermanas salesianas de Amman y con la ayuda algunos voluntarios italianos: Rosaria, Carla, Federica, Eleonora, Adele, Gabriella, Elisa y Alessandra.

Nos apuntamos a los cursos de corte y costura para ropa de mujer y hemos sido capaces de crear con nuestras manos bonitos modelos con telas orientales. Esta iniciativa nos ha dado una gran alegría porque él nos ha ayudado espiritual y materialmente. Las personas con las que coincidimos en el proyecto nos hicieron sentir que estamos siendo útiles para nosotros mismos y para la sociedad. Hemos aprendido algo nuevo y divertido en nuestras vidas que no sabíamos antes. No teníamos la más mínima idea de cómo coser pero con la ayuda de muchas personas, hemos aprendido y queremos seguir aprendiendo y esperamos que poder desarrollar este arte para el futuro.

Soñamos con instalarnos en un país seguro donde se nos respeten nuestros derechos humanos, en donde poder trabajar para vivir en paz y serenidad con la oportunidad de seguir estudiando.

Le pedimos, Padre Santo, que nos recuerde en la oración y que rece por nuestro país, Irak , para que Dios nos conceda la paz y para cada país que lo necesita. Que quienes causan las malas acciones que sean tocados con la caridad y la misericordia .

Por eso le ofrecimos la Casulla, con la esperanza de que un día pudiese usarla para la celebración de la Santa Misa y rece así por nosotros. Es un signo de nuestro amor hacia usted y agradecimiento por su testimonio y sus palabras. Cosíamos la casulla con los restos de nuestro trabajo. También a nosotras se nos ha “descartado” por los hombres malvados que nos han expulsado de nuestra tierra. De los residuos puede nacer muchas veces algo bueno y útil para dar gloria al Señor. No podemos expresar nuestra alegría al saber que ha leído nuestras humildes palabras, conoce nuestro gran sufrimiento y ora por todos nosotros. Esperábamos conocerle en Cracovia durante la JMJ para tener su bendición, pero hay algunas cosas que impidieron nuestro sueño de participar en este encuentro de los jóvenes, porque somos refugiados en Jordania y no hemos podido conseguir una visa. ¡Sólo usted puede ayudar! ¡Le queremos mucho! Que Dios le guarde por mucho tiempo y proteja siempre con la intercesión de la Virgen María, nuestra madre y  de todos los santos.

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