viernes 20 - octubre, 2017
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Como a Pedro y Pablo la oración nos libera de nuestros encierros

29 de junio, 2016

Por: Eventos Católicos

“La Palabra de Dios de esta liturgia –afirmó el Papa en su homilía– contiene un binomio central: cierre – apertura. A esta imagen podemos unir el símbolo de las llaves, que Jesús promete a Simón Pedro para que pueda abrir la entrada al Reino de los cielos, y no cerrarlo para la gente, como hacían algunos escribas y fariseos hipócritas a los que Jesús reprende”.

Asimismo, señaló que “la lectura de los Hechos de los Apóstoles nos presenta tres encierros: el de Pedro en la cárcel; el de la comunidad reunida en oración; y – en el contexto cercano de nuestro pasaje – el de la casa de María, madre de Juan, llamado Marcos, donde Pedro va a llamar después de haber sido liberado”.

Francisco recordó que en estos tres encierros “la oración aparece como la principal vía de salida”, pues ayuda a la comunidad a no encerrarse en sí misma a pesar de la persecución y el miedo. “Mientras Pedro estaba en la cárcel, ‘la Iglesia oraba insistentemente a Dios por él’”; y Cristo envía a su ángel para liberarlo.

“La oración, como humilde abandono en Dios y en su santa voluntad, es siempre una forma de salir de nuestros encierros personales y comunitarios. Es la gran vía de salida de las cerrazones”, aseguró.

Asimismo, con San Pablo también “habla de su experiencia de liberación, la salida del peligro de ser, él también, condenado a muerte”. “Es muy bello ver la vida del Apóstol toda ‘en salida’ gracias al Evangelio: toda proyectada hacia adelante, primero para llevar a Cristo a cuantos no le conocen, y luego para saltar, por así decirlo, en sus brazos, y ser llevado por él que lo salvará llevándolo a su reino celestial”, expresó.

En el caso de San Pedro, Francisco señaló que se puso en camino, saliendo “de sí mismo, de sus seguridades humanas, sobre todo de su orgullo mezclado con valentía y con generoso altruismo. En este su camino de liberación, es decisiva la oración de Jesús: ‘yo he pedido por ti (Simón), para que tu fe no se apague’”.

“Simón Pedro fue liberado de la prisión de su ego orgulloso, de su ego miedoso, y superó la tentación de cerrarse a la llamada de Jesús a seguirle por el camino de la cruz”, reiteró.

El Papa recordó que luego de ser liberado de la cárcel, Pedro “va a la casa de la madre de Juan, llamado Marcos. Llama a la puerta, y desde dentro responde una sirvienta llamada Rode, la cual, reconociendo la voz de Pedro, en lugar de abrir la puerta, incrédula y llena de alegría corre a contárselo a su señora”.

Este relato muestra el miedo en que vivía la comunidad cristiana, “encerrada en la casa, y cerrada también a las sorpresas de Dios”. “’Pero, ¿abrimos, no abrimos?’. Y él (Pedro) corre peligro, porque la policía puede tomarlo… Pero el miedo hace que nos detengamos, ¡nos detiene siempre! Nos cierra, nos cierra a las sorpresas de Dios”.

El Papa advirtió que esto también ocurre con las comunidades cristianas de hoy, tentadas a cerrarse en sí mismas ante los peligros. Sin embargo, recordó que los primeros cristianos estaban “reunidos en oración”. “La oración permite a la gracia abrir una vía de salida: del cerramiento a la apertura, del miedo a la valentía, de la tristeza a la alegría. Y podemos añadir: de la división a la unidad”, señaló.

En ese sentido, Francisco destacó la presencia de “nuestros hermanos de la delegación enviada por el querido Patriarca Ecuménico Bartolomé, para participar en la fiesta de los Santos Patronos de Roma. Una fiesta de comunión para toda la Iglesia”.

El Papa culminó su homilía pidiendo a San Pedro y San Pablo que intercedan “para que podamos hacer este camino con la alegría, experimentar la acción liberadora de Dios y testimoniarla a todos”.

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