miércoles 18 - octubre, 2017
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Homilía de Misa de Corpus Christi

05 de junio, 2015

Por: Eventos Católicos

Homilía del señor Arzobispo Mons. Oscar Julio Vian Morales, sdb en la Solemnidad del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo

Queridos hermanos y hermanas:

 

Hoy celebramos esta gran Solemnidad en honor del misterio eucarístico en el marco del Año Santo Jubilar, en ocasión del bicentenario del estreno y bendición de nuestra Catedral Metropolitana;

hacemos también un bello recuerdo de mi antecesor el Sr. Cardenal Rodolfo Quezada Toruño, quien hace 3 años fue llamado a la casa del Padre y que con tanto amor  y devoción celebraba esta solemnidad, la Eucaristía era para él el centro de su vida y ministerio sacerdotal. Nuestro Señor Jesucristo a quien ocultamente adoró en la Eucaristía ahora lo contempla cara a cara en la gloria del cielo.

En esta fiesta se unen la liturgia y la piedad popular, que no han escatimado ingenio y belleza para cantar al Amor de los amores. Para este día, Santo Tomás compuso esos bellísimos textos de la Misa y del Oficio divino. Hoy debemos dar muchas gracias al Señor por haberse quedado entre nosotros, desagraviarle y mostrarle nuestra alegría por tenerlo tan cerca: Adoro te, devote, latens Deitas…, te adoro con devoción, Dios escondido…, le diremos hoy muchas veces en la intimidad de nuestro corazón.

Estamos celebrando la presencia real y verdadera del Cuerpo y la Sangre de Cristo en el Sacramento de la Eucaristía.  La fiesta del Corpus Christi como tradicionalmente le llamamos, es una fiesta  cuya finalidad principal es proclamar y aumentar la fe de la Iglesia en la presencia real de Cristo en la Sagrada Eucaristía.

Fue el Papa Urbano IV, quien instituyó esta fiesta del Corpus Christi para la Iglesia Universal, fijándola el jueves siguiente a la solemnidad de la Santísima Trinidad; la reforma litúrgica la traslada para el día domingo para que la mayoría de fieles puedan participar, manteniéndola en el día jueves para las catedrales. El fin de esta solemnidad es tributar culto público y solemne adoración, de amor y gratitud a Jesús presente en la Eucaristía.

Nuestro Dios y Señor se encuentra en el Sagrario, allí está Cristo, y allí deben hacerse presentes nuestra adoración y nuestro amor. Esta veneración a Jesús Sacramentado se expresa de muchas maneras: bendición con el Santísimo, procesiones, oración ante Jesús Sacramentado, genuflexiones que son verdaderos actos de fe y de adoración… entre estas devociones y formas de culto, merece una mención particular la solemnidad del Corpus Christi como acto público tributado a Cristo presente en la Eucaristía. La Iglesia y el mundo tienen una gran necesidad del culto eucarístico. Jesús nos espera en este sacramento del Amor. No escatimemos tiempo para ir a encontrarlo en la adoración, en la contemplación llena de fe y abierta a reparar las graves faltas y delitos del mundo. No cese nunca nuestra adoración. Especialmente el día de hoy ha de estar lleno de actos de fe y de amor a Jesús Sacramentado.

Durante años el Señor alimentó con el maná al pueblo de Israel errante por el desierto. Aquello era imagen y símbolo de la Iglesia peregrina y de cada hombre que va camino de su patria definitiva, el Cielo. Hoy es un día de acción de gracias y de alegría porque el Señor se ha querido quedar con nosotros para alimentarnos, para fortalecernos, para que nunca nos sintamos solos, La Sagrada Eucaristía es el viático, el alimento para el largo caminar de la vida hacia la verdadera Vida. Jesús nos acompaña y fortalece aquí en la tierra, que es como una sombra comparada con la realidad que nos espera; y el alimento terreno es una pálida imagen del alimento que recibimos en la Comunión.

Pero la Eucaristía también conlleva una responsabilidad aquí en la tierra. Comulgar a Jesús significa transformarnos en hombres y mujeres honrados, con conciencia ética y sentido de responsabilidad moral. “No podemos olvidar que en nuestro país la mitad de los niños viven en estado de desnutrición crónica, los jóvenes ven que se les niega un futuro digno, más de la mitad de la población vive en pobreza, el flujo migratorio no se detiene, siete de cada diez trabajadores se desempeñan en el sector informal, la violencia se expresa en todos los sectores del país y el crimen organizado es muy probablemente el mayor empleador del país.

Un efecto esencial de la Comunión eucarística es la caridad, que debe penetrar la vida social. Los fieles deben descubrir nuevamente la Eucaristía como fuerza de reconciliación y de paz con Dios y con los hermanos. En el mundo actual, en el cual no faltan motivos de división y de diversificación, incluso legítima, es oportuno que los cristianos, reunidos para la cena del Señor descubran sus raíces comunes, que se encuentran en Él. En la oración, en la meditación y en la adoración, ayudados por la Palabra de Dios y por la homilía del celebrante, los fieles serán fortalecidos en la propia fe, en la caridad y en la esperanza, para poder empeñarse cada vez más y mejor en el exigente deber de edificar un mundo más justo y pacífico.

Si verdaderamente queremos una Guatemala distinta, desde la Eucaristía, necesitamos romper el ciclo de corrupción, impunidad y conflictividad para proponernos ser una nación que no tema a la verdad, nos hemos de comprometer  para que nuestro testimonio contribuya al cambio social y ético que como país necesitamos.

El amor a la Eucaristía tiene que ser en nosotros algo muy intenso, sincero y coherente.  Nos debe impulsar a vivir amando y sirviendo a nuestros hermanos,  para que podamos construir una sociedad más justa,  más fraterna  y solidaria, que ayude de manera eficaz a los más necesitados.

 

¡Infinitamente sea alabado!    Mi Jesús sacramentado.

 

Fuente: 2015 Oficina de Comunicación de la Arquidiocesis de Guatemala – OCAG

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