Martes 27 - Junio, 2017

Mensaje en Ocasión a la Cuaresma por Mons. Vian Morales

09 de Marzo, 2015

Por: Eventos Católicos

A los Obispos Auxiliares, Vicarios territoriales y Vicarios de Pastoral; a todos los sacerdotes, religiosos/as, Consagrados/as y a los laicos y laicas de nuestra Arquidiócesis de Santiago de Guatemala.

Queridos hermanos y amigos:

La cuaresma a la luz de la Pascua:

No se trata de una “manía personal”; me parece, más bien, que interpreto la pedagogía pastoral de la Iglesia, cuando no ceso de insistir, “con ocasión y sin ella”, que diría San Pablo, en que la Cuaresma tiene sentido solamente a la luz de la Pascua. Emprendemos el camino de la cruz (“vía crucis”), fascinados y atraídos por el camino de la luz (“vía lucis”); confrontamos la muerte desde la esperanza de la resurrección; celebramos el Viernes Santo como “paso” al Domingo de Gloria; nos unimos a Jesús sufriente, para participar de su vida resucitada. Por eso, un año más les quiero pedir que no nos quedemos en el sufrimiento y en la muerte, que no cerremos nuestra Semana Santa con el “santo entierro”, que abramos nuestro corazón a la vida en plenitud que es realidad y promesa en Cristo resucitado. En efecto, nos recuerda San Pablo que “Cristo ha resucitado, venciendo la muerte, y su victoria es anticipo de la de aquellos que han muerto” (1Cor 15,20) ¡Qué alegría tan grande participar ya de una victoria anticipada!

Otro mundo es posible:

La belleza del camino hacia la Pascua nos hace ver la cuaresma como un tiempo de alegría contenida, pero gozosa. Justamente porque la meta es hermosa, porque nos llena de luz y de asombro, se nos despiertan las ganas de hacer bella nuestra vida personal, la vida de nuestra familia, nuestra colonia, nuestra ciudad, nuestro país y, siendo santamente ambiciosos, la vida del mundo entero. A la luz de la resurrección de Jesús, nos decimos a nosotros mismos y anunciamos a los demás que “otro mundo es posible”, que otra familia, otra ciudad, otra Guatemala son también posibles, que también otra Iglesia es posible. En este sentido, nos impresiona, por su alcance, la propuesta que el Apocalipsis pone en labios del Resucitado (“el que estaba sentado en el trono”): “Miren, yo hago nuevas todas las cosas” (21,5).

Desde la novedad aportada por Jesús, en el bicentenario de nuestra Catedral:

¡Con cuánta esperanza ha subrayado el Papa Francisco la dimensión de novedad traída por Jesús! Recuerda el Papa una hermosa expresión de San Ireneo: “con su venida, Cristo ha traído consigo toda novedad”, para animarnos a una auténtica renovación en este camino cuaresmal: “Con su novedad, Jesucristo puede renovar nuestra vida y nuestra comunidad, porque, aunque atraviese épocas oscuras y debilidades eclesiales, la propuesta cristiana nunca envejece” (EG, 11). “No hacer envejecer la propuesta cristiana” es un gran programa de vida creyente y misionera. Nuestros inmovilismos y parálisis pastorales hacen “vieja” la propuesta cristiana, que está, sin embargo, llamada a ser siempre una “nueva” y buena noticia. Y nuestros pecados hacen que se oscurezca el Evangelio y que se debilite la fuerza evangelizadora del mensaje. Quisiera compartir con todos ustedes el llamado del Papa a no ser “creyentes cansados” que llegan hasta morir de aburrimiento. Por ese camino no vamos a ninguna parte. Me invito a mí mismo y los invito a todos a tener los ojos fijos en Jesús que “puede romper los esquemas aburridos en los que pretendemos encerrarlo, sorprendiéndonos con su constante creatividad divina” (EG, 11). Y lo hago precisamente cuando estamos celebrando el bicentenario de nuestra Catedral. La “memoria agradecida” de aquel “inicio pascual” de la Catedral es un impulso para hacer, hoy y ahora, de nuestra Iglesia-comunidad “la novia que se arregla para su novio” (Ap 21,2), “una Iglesia sin manchas, sin arrugas ni nada semejante, sino santa e irreprochable (Ef 5,27).

Descubriendo “la mística” de nuestra renovación de estructuras:

En medio de nuestros sinceros esfuerzos de renovación de las estructuras pastorales, y desde la constante creatividad divina de Jesús, he aquí, según el Papa, el mejor camino de reforma: “volver a Jesús y recuperar la frescura original del Evangelio” (EG, 11). “Volver a Jesús” es el “recomenzar desde Cristo” que ya nos había recordado Aparecida como el único camino para una verdadera conversión personal y pastoral. Y “recuperar la frescura original del Evangelio” es un llamado apremiante, cuando estamos buscando caminos nuevos de evangelización misionera en todas nuestras parroquias, comunidades y movimientos eclesiales. Me parece necesario que nos recordemos unos a otros que “los árboles no nos pueden impedir ver el bosque”. El llamado del Papa a caminar a lo esencial del Evangelio, a su frescura original, a su centralidad en la vida personal y en toda la acción pastoral, a recobrar su “olor” para que todo lo que somos y hacemos huela con fuerza a Evangelio, es una hermosa propuesta de espiritualidad y de pastoral misionera, que nos llena de entusiasmo. Metidos en la necesaria organización pastoral, se nos puede desdibujar esta “esencialidad evangélica”, que es “lo único necesario”. Quiero compartir con ustedes esta preocupación, para que todos seamos en verdad “contemplativos en la acción”.

Distantes de un intimismo espiritual individualista:

Porque “volver a Jesús” y “recuperar la frescura original del Evangelio” no es invitación a un intimismo espiritual individualista. Tenemos que pensar mucho en dos claras afirmaciones del Papa, para no confundir la “vuelta a Jesús” con una especie de barato misticismo: nos recuerda que “la intimidad de la Iglesia con Jesús es siempre itinerante”; y para que no nos encerremos en comunidades de referencia de pura terapia sentimental, nos advierte que “toda comunión es siempre misionera”, es comunidad “en salida”, en misión, en entrega. Cuando hacemos del intimismo individualista la tierra de cultivo de la experiencia religiosa y de la acción pastoral estamos contribuyendo, incluso con santa intención, a lo que el Papa ya llamó, en Evangelii Gaudium, la “globalización de la indiferencia”, y ahora lo recuerda en su mensaje para esta cuaresma de 2015: “Uno de los desafíos más urgentes en los que quiero detenerme en este mensaje – nos dice – es el de la globalización de la indiferencia”. En la Exhortación nos había compartido con tono desgarrador: “Nos volvemos incapaces de compadecernos ante los clamores de los otros, ya no lloramos ante el drama de los demás, ni nos interesa cuidarlos, como si fuera una responsabilidad de otros, que a nosotros no nos incumbe; la cultura del bienestar nos anestesia” (EG, 534).

Mantener siempre la puerta abierta:

Nuestra renovación pastoral debe encaminarse a hacer fuerte “la mano de nuestra Iglesia que mantiene abierta la puerta”, para que se realice el encuentro salvador entre Dios y el mundo concreto en que vivimos. Para eso tenemos necesidad de renovación en nuestra Iglesia de Santiago de Guatemala: “para no ser indiferentes y para no cerrarnos en nosotros mismos” (Mensaje de Cuaresma/2015). Para hacernos conscientes de que “formamos parte de una comunión en la que el amor vence la indiferencia” (Ibd.). Para “ponernos en relación con la sociedad que nos rodea, con los pobres y los alejados”, conscientes de que, como Iglesia misionera, nuestra Arquidiócesis “no debe quedarse replegada sobre sí misma, porque es enviada a todos los hombres” (Ibd.). Sólo si con nuestra renovación pastoral hacemos que nuestra Iglesia se enamore más de Jesús, habremos logrado una Iglesia en salida, porque, como bellamente nos recuerda Francisco: “la misión es lo que el amor no puede callar” (Ibd.).

No queremos una renovación arquidiocesana “sin alma”:

He querido extenderme en esta “mística de la renovación” de nuestra Iglesia, para que entre todos evitemos el peligro de hacer una renovación arquidiocesana “sin alma”. Si por mirarse a sí misma en este proceso de evaluación, a nuestra Arquidiócesis se le embotaran los ojos y no mirara la dolorosa realidad en la que estamos inmersos; si, como discípula misionera, no fuera capaz de hacer un valiente discernimiento evangélico, si no estuviera vigilante para discernir los signos de los tiempos, si no se hiciera samaritana y próxima a quienes la economía de la exclusión va dejando al borde del camino del desarrollo, estaríamos culpablemente colaborando a la “globalización de la indiferencia”. Es una invitación para que nos comprometamos seriamente a considerar como esencial en nuestros planes de renovación la dimensión social de la evangelización. Y en ese contexto, también quiero invitar al gesto cercano y sencillo que nos hace salir de nosotros mismos en la vida de cada día. Así nos lo recuerda también el Papa: “la cuaresma es un tiempo propicio para mostrar interés por el otro, con un signo concreto, aunque sea pequeño, de que participamos de la misma humanidad” (Mensaje Cuaresma/2015).

Cautivados por la belleza de la resurrección:

Comenzaba este Mensaje subrayando la ilusión de iniciar un año más el camino cuaresmal, cautivados por la belleza de la resurrección de Jesús. Nos hace creer y esperar en quien “hace nuevas todas las cosas” ¡Ánimo con esta apertura del corazón y de horizontes! Vamos adelante, sin ser de aquellos que “no se entregan a la misión, porque creen que nada puede cambiar, por lo que es inútil esforzarse” (EG, 275). Vivamos de corazón la experiencia de Cristo resucitado, porque “Él, resucitado y glorioso, es la fuente profunda de nuestra esperanza” (EG, 275).

Invocación a la Virgen:

Que María nos ayude a escuchar, como dirigida también a nosotros, la invitación litúrgica que le vamos a hacer tantas veces en el tiempo de Pascua: “Reina del cielo, alégrate”… “Madre nuestra del Rosario, alégranos”.

Caminando con todos ustedes en el itinerario de la Cuaresma, reciban un abrazo de estímulo y esperanza.

+ Oscar Julio Vian Morales, sdb
Arzobispo Metropolitano de Santiago de Guatemala

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